No sé…

Hubo un largo silencio. El silencio de la urgencia, de la angustia, del desvelo, del porvenir incierto. Luego fue el silencio del por fin juntas, del conocerse y disfrutarlo a concho.

Posteriormente fue el silencio de la separación, no por falta de amor, si no por falta de medios, por la frustración que provoca no encontrar lo mínimo necesario para continuar construyendo.

Inmediatamente vino el silencio de la huida; del no querer saber; del no querer sentir; de la negación total; del descreimiento.

En el medio de tanto silencio creo que me perdí, pero me perdí para volverme a encontrar. Me perdí, simplemente, para volver a empezar…

No sé qué será de aquí en más; no sé por cuánto más habré de hablar. Sólo el tiempo lo dirá.

Supongo que sí…

Supongo que sí; que así se erguía ella en las sombras lumínicas de mis sueños; en esas donde sólo podía recrear la memoria de lo querido, deseado, imaginado…
Supongo que su cuerpo hermosamente desnudo, perfecto en su imperfección, me brindaba ya la lúbrica bienvenida que me habría de abrazar para no dejarme… Supongo que sí; que me agité como un corcel que no quiere brida pero que se deja amansar…
Supongo que sí. Supongo que, después de todo, mi vida cambió de ropajes para recibirla, para aclamarla, para estrecharla, para seducirla y amarla con la mayor de las simplezas. Supongo que sí…

Elección…

La vida es corta… o larga. Eso siempre será objeto de apreciaciones subjetivas. Para el que quiere hacer mucho, la vida es un suspiro. Para quien está hastiado, la vida es demasiado. No obstante, corta o larga, la vida puede ser simplemente aquello que queramos que sea…

Eso es algo que vengo diciéndome hace mucho, y muchas veces se me olvida. Lo recuerdo, entonces, cuando lo comento o lo pronuncio como un consejo trasnochado, con afanes filosóficos, o con ánimo de consolar… Cada quien es su cielo, su límite…

Pero soy porfiada, y hay cosas que aún no resuelvo dentro mío, que me achatan a veces; que me aplanan. POr otro lado, también sé que en el fondo, yo aún no termino de creerlo. Tal vez por eso, sólo tal vez, es que este video se me atravesó en la garganta…

Reconectando.

El pensamiento y la nada

Desde hace algún tiempo, en algún momento del día, cuando las cosas se tornan difíciles, prendo un incienso y pongo música. No es una música cualquiera. Es un mantra, el que trato de entender y de  internalizar: Om Mani Pedme Hum.

Para este mantra existen múltiples significados. Así es que me dediqué a investigar un poco más al respecto y así supe que cada sílaba se conecta con cada una de las seis virtudes necesarias para purificar el karma, lo que permitirá vivir una vida sin obstáculos en el camino…

OM: meditación, dicha.

MA: paciencia.

NI: disciplina.

PE (pa, ped, pad): sabiduría.

ME: generosidad.

HUM (hung): diligencia.

Pero eso no es todo. Igualmente, las seis sílabas “limpian” o purifican los grandes defectos: orgullo, envidia, lujuria por el entretenimiento, estupidez!!, prejuicio, pobreza, deseo de poseer, agresión, odio.

Resumiendo, esta minúscula frase nos conecta con las virtudes mejor evaluadas para vivir una vida tranquila y plena, y nos aleja de aquellos defectos que empobrecen nuestra alma, si los adolecemos, protegiéndonos igualmente de quienes los sufran y nos perturben con ellos.

No me considero una mujer religiosa. Me he desligado de todo lo que tiene que ver con la religión, venga de donde provenga. Principalmente porque a mi entender, las religiones llamadas universales, son intrinsecamente machistas, y en su orden establecido las mujeres somos seres de segunda o tercera categoría, por lo que no me provoca ningún interés relacionarme con un algo que no me representa ni me valora como ser humano, o que en su defecto, intenta imponerme normas de vida establecidas desde la superioridad de un “otro”, pretendiendo, a la vez, que yo sea, sienta o vea cosas de un modo tal que la evidencia y la práctica me muestran que no son tal.

Aún así, en mi pequeño universo, intento laboriosamente lograr una mínima paz conmigo misma y con el entorno, y en esa ruta que he llevado, estoy tratando de reconectar mi razón con mi corazón; estoy tratando de que las cosas tengan un sentido no sólo racional sino también espiritual. No busco nada más que eso. Por eso canto, escribo, escucho, pienso, razono y siento, hago y … soy.

Una mirada distinta.

A orillas del lago Villarrica - Athenea (mayo 2009)

He estado yendo y viniendo de Santiago a Pucón por temas de trabajo… y de placer también.

He vuelto a esas tierras que en algún momento se me antojaron inhóspitas y hasta dolorosas y he podido, de mano del amor, reconciliarme con ellas del todo.

Ha habido tiempo para todo en estos días. Y he podido disfrutar de muchas de las cosas que amo profundamente. Entre ellas la fotografía. Y es que, sin duda, estos parajes se prestan para que uno los disfrute, ya sea a ojo desnudo o tras una cámara. Tal cual me gusta hacerlo.

A diferencia de las veces anteriores, pude contar con el tiempo para darme unas vueltecitas y perseguir con alguna camarita esos paisajes hermosos que ofrece el sur de Chile. No obstante, lo que hace la diferencia, es poder gozar de las cosas bellas de la vida, no sólo a través de los propios ojos. El resultado difiere sustancialmente cuando se hace acompañada de quien te acompaña en la vida. Quizás por ello sea que siento que de esos días han nacido unas fotos hermosas. O tal vez fue que Pucon también me dio la oportunidad de mirarlo no sólo con unos nuevos ojos, sino también con un nuevo corazón.

Quiero mover el bote !!

Cuando escribí el post anterior, no sabía que mi ausencia sería tan prolongada.
Mi vida se ha remecido en muchos aspectos. Muchas cosas dentro de mí han sucedido, y es mucha el agua “bajo el puente” la que he dejado correr en estos más de dos meses de silencio.
Si antes mi último refugio había sido la compañía conmigo misma, y mi instrumento más recurrente el análisis más profundo que me era posible realizar, desde hace un tiempo hasta ahora  puedo contar con una mirada dulce y objetiva que me ayuda a canalizar mejor y a ver con más claridad.
Hoy estoy más tranquila. Quizás más resuelta en algunos aspectos. No lo sé. Tal vez ni tenga tanta importancia. Sólo sé que me siento acompañada. Feliz en lo fundamental, en lo escencial. Con ganas de muchas cosas y con la fuerza interna para perseguirlas y alcanzarlas…

Hace mucho tiempo compartí con una amiga (Patchwork) un simple consejo: cuando quieras darle un giro a las cosas y no sepas como hacerlo, sientate en un sillón o tiéndete en tu cama a ver una pelicula de dibujitos y ríe. Ríe con ganas. No pienses en nada. Sólo ríe. Así fue que una madrugada nos sentamos a ver Madagascar y reímos como dos crías. Al fin y al cabo cuando se quiere cambiar de rostro la vida sólo hace falta desfruncir el ceño y el corazón. Eso hice yo, siguiendo mi propio consejo. Y aquí les dejo de regalo un buen momento para reír; para que el bote de vuestras vidas se mueva si acaso está estático.

Miedos…

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Difícil pasar por la vida y no temerle a algo, como difícil es hacerse la valiente y no desflorarse el alma por temor a ver.
Reúno aquí mis miedos. Así, como salieron, en este dos por tres…

Miedo a los tiempos que pasan y que esculpen despilfarros en el muro de mi habitación…
Miedo a los silencios que simulan ser inocuos y que se convierten en vacíos haciendo agua el corazón…
Miedo a las palabras retardadas, a esas que nunca llegan porque se quedaron agazapadas en un oscuro callejón…
Miedo a la mirada esquiva que se viste de colores brillantes y se presenta sincera.
Miedo al abrazo partido del que si me separo y lo miro veo que no deja huella.
Miedo de perder la palabra, y de que se me esfume la fuerza, esa misma que a veces se escapa yerta.
Miedo al morbo, al tedio, a los comentarios insidiosos, esos que se deslizan sigilosos y que no dejan reaccionar.
Miedo de que estos pies se paralicen, de que mi alma se tiña de grises por todo lo que no logran caminar.
Miedo a la rabia, a la ira, al enfado que destila verbos a destajo que se encapsulan en el tiempo y el dolor.
Miedo, sobretodo, al desamor que más que una espina es como tener el corazón en cal. Más no tengo miedo de amar sino de que me hablen de un amor que no existe…
Todos estos miedos persisten pero no me logran arrastrar. Como molinos pretenden batallar y libar mi sangre a raudales. Como Dulcinea los hago callar cuando no logro espantarles.